Publisher's Synopsis
¿Es posible sentir cuando leemos o escuchamos alguna palabra? De inmediato, el sonido de una palabra se convierte en una imagen y luego en un concepto, en términos generales. Los versos del presente libro provocan una sensación por la habilidad de manejo del lenguaje del poeta Gerardo Brauer. Y es cuando podemos considerar un trabajo poético realizado. La sensación va acompañada del sentido de cada palabra. La predominancia de consonantes y vocales crean estados emocionales y en la mayoría de las ocasiones no nos damos cuenta. Pero nos quedamos con la satisfacción de aquello que entró por nuestros oídos y nos hizo partícipes de la interpretación que hacemos de las palabras. Cuando son leídas, conllevan una resonancia mental que hacemos inconscientemente. De tal manera que sin necesidad de una lectura en voz alta, resuenan y queda un eco posterior: lo que hace invaluable al presente libro y al trabajo poético de Gerardo Brauer. Rapsodia de tempestad imperturbable pentagrama de tromba después de su regato sinfónico amaneceremos en la brevedad de sedosas albas poesías suspensas sobre el remanso del torrencial.Hay un ritmo en nuestra respiración tanto como un ritmo necesario en los buenos versos. Es el oído del poeta uno de los más agudos y comparable con el músico o el compositor. Por eso considero una buena obra literaria igual a una composición, más que una creación. El fenómeno creativo es previo a la composición, pues ésta es la única que nos entregará una obra acabada. Desafortunadamente la métrica ha sido casi abandonada por la poesía de los últimos 50 años. Los acentos que conforman un endecasílabo o un octosílabo como cualquier otra forma métrica, son igual a la construcción de un puente. Si no están en los lugares de equilibrio y extensión adecuada, el puente se vendría abajo. Pero parece ser que a esto, en términos poéticos, ya a nadie le interesa. Sin embargo, es la base del triunfo de cualquier obra literaria y máxime en la poesía. Un buen constructor de imágenes si lo es también de un ritmo fónico, logra siempre cautivar a sus lectores. Por eso la palabra eufonía es un imperativo en la poesía. La he escuchado también en asombrosas frases literarias, y es cuando se separa la literatura de cualquier otra forma de comunicación escrita. Pero entraña una dificultad que requiere disciplina y el rigor que debe atemperar cualquier trabajo creativo. Nadie sabe el nombre de la lluvia y menos quién la nombró así Quien sino el que murió viendo la lluvia se llevó su verdadero nombre anegará el confín celeste al pronunciarlo será desde entonces rapsoda de la tempestad y oiremos sus rimas de consonante raudo versos de vendaval sonetos de sotavento eufonía de efluvios. Las estrofas son completamente redondeadas por la simbiosis de palabras afines, su sonoridad y la resultante imagen, muchas veces compuesta de varias. No hay mejor ejemplo de la perfección de cada verso que por sí mismo proyecta su propia fuerza expresiva, pero ya en el conjunto con la estrofa, ésta es exponencial. Ahora imaginémoslo ya en su integración con el poemario, y finalicemos haciéndole una loa al autor con sus propios versos: Bardo de bruno terregal versa detrás de la tromba desde entonces es el juglar de las anegaciones del alma y la ciudad hundida.